| Seat 131 CLX 2000 |
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AUTOPISTA nº 1091 |
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VIRTUDES |
DEFECTOS |
| ARMONÍA ENTRE LUJO, PRESTACIONES Y PLACER DE CONDUCCIÓN | FRENOS ESCASOS |
| PRESTACIÓN MUY BRILLANTE | CONSUMO ELEVADO EN CARRETERA |
| COMPORTAMIENTO RUTERO MUY MEJORADO | SUSPENSIÓN POCO CONFORTABLE |
| ATRACTIVO, PERO DISCRETO | SONORIDAD DEL AIRE |
| CARROCERÍA AMPLIA POR DENTRO | ASIENTOS POCO ENVOLVENTES |
| EQUIPO DE LUCES | VOLANTE MUY GRANDE Y POCO DEPORTIVO |
En los poco más de cuatro años que lleva en el mercado español, el Seat
131 nos ha dado una de las gamas más prolíficas y variadas que puedan
recordarse nunca en la automoción
española.
Aparte de un «restyling» importante, al pasar a Supermiraflori, se nos ofrece
con motor de 1430, con el 1600 (de 4, 5 marchas o automático), con Diesel de 4
ó 5 marchas, con carrocería familiar y diversas mecánicas, en variante
climatizada, y ahora, finalmente, repite la afortunada experiencia del CLX, ya
lanzado hace un par de años como 1800, y que no tuvo más defecto que el corto
número de unidades producidas. Error que, por lo que perece, está a punto de
repetirse, puesto que tenemos noticias de que este CLX-2000 sólo va a
fabricarse en un corto número de millares de unidades; si el coche tiene el éxito
que nosotros nos atrevemos a augurarle, es de suponer que la demanda haga variar
de opinión a los rectores de la política comercial de Seat, salvo que existan
graves problemas de fabricación o suministro de algunos elementos que sean
desconocidos para nosotros.
Como ya dijimos con motivo de su presentación, el CLX viene a cubrir un hueco
comercial que le pertenece casi en plan de monopolio: el de la berlina deportiva
de un cierto nivel de lujo. Sin duda alguna, en países donde la adquisición (y
posterior mantenimiento) de un BMW, un Alfa-Romeo o un Triumph Dolomite Sprint
sea cosa al alcance un típico usuario medio, el CLX no impresionaría a nadie;
aunque tampoco sería decepcionante, nos atrevemos a profetizar. Pero, en
cualquier caso, hay que hacer el cesto con los mimbres que se tienen, y hoy por
hoy, aunque las barreras de los contingentes ya han caído, las de tipo
arancelario todavía son lo bastante fuertes como para que, ni remotamente, se
pueda tener un coche que hace los 175 reales por las 835.000 pesetas que cuesta
el CLX puesto en carretera.
EL DISCRETO ENCANTO DEL NEGRO
El 131, incluso en su variante Supermirafiori, es ya más que
sobradamente conocido del a
utomovilista
español. Así que haremos abstracción del coche en su conjunto para centrarnos
en los aspectos modificados del CLX con respecto al 1600 de cambio 5 marchas que
puede decirse es el más próximo a él. Estos cambios se pueden desglosar en
tres aspectos: carrocería, bastidor y mecánica.
Empezando por la carrocería, digamos que ha sido un rotundo acierto tanto la
elección de los dos colores metalizados (aunque algunos más llamativos no
estarían de más), como su maridaje con el acabado en negro mate de los
parachoques y todos los junquillos, filetes, molduras e incluso parrilla del
CLX. Especialmente con el color plateado, el resultado es de una elegancia
discreta, pero llamativa, puesto que a lo ya señalado se unen las llantas
italianas de aleación, que a cambio de una insuficiente ventilación para los
frenos, ofrecen un acabado con un lustroso barnizado
,
que las hace sumamente atractivos.
Las protecciones laterales contra los golpes, ya existentes en el anterior CLX,
también están presentes, pero su color negro encaja mucho mejor ahora, a juego
con el resto de la decoración. También se mantiene el retrovisor de puerta con
mando eléctrico, al cual, por cierto, se le está continuamente modificando,
cada vez que se quita y se pone el freno de mano; no ha estado acertada la
elección de su lugar de montaje.
En el interior, apenas hay variaciones respe
cto
al Supermirafiori, aparte del género de la tapicería, la remodelación de las
cifras del cuadro de instrumentación, y las luces indicadoras del desgaste de
pastillas de freno. Esta directa relación con el resto de los 131 tiene
sus luces y sombras: le hace heredar al CLX una carrocería clásica pero todavía
moderna, de no excesivo tamaño externo, pero con buen maletero y amplio habitáculo.
Pero también le hace recibir unos asientos y un volante que si bien no
criticables para un turismo, están un tanto fuera de lugar cuando aparece el
objetivo deportivo. El volante es demasiado grande, y su estructura monobrazo no
es la más ajustada a la imagen que pretende dar el CLX. En cuanto a los
asientos, si bien son cómodos para ir sentado en ellos, no lo son tanto para un
conductor que desee aprovechar las posibilidades de su coche en una zona un poco
virada; sencillamente, carecen del suficiente apoyo lateral.
DURO, PERO ESTABLE
El siguiente grupo de modificaciones son las referentes al bastidor. Se
modifican todos los elementos elásticos de la suspensión, y las ruedas. Bueno,
no se modifican todos, en honor a la verdad: los muelles de la suspensión
delantera son lo único que queda del 131-1600 berlina. Pero sus
amortiguadores pasan a ser los de la versión familiar, más enérgicos, y a su
vez, la estabilizadora también es la de dicha versión, con 2 mm. más de diámetro.
Por su parte, en el tren trasero nos encontramos tanto con los muelles como con
los amortiguadores del 124-2000, puesto que estos elementos son intercambiables
entre las gamas 124 y 131, que desde tiempo ya comparten el mismo
eje posterior. Si a todo esto añadimos las llantas de aleación de 5,5",
con bombeo de 25 mm., que aumentan la vía en un centímetro, tenemos que la
potencialidad del CLX en curva es notablemente superior a la de cualquier otro 131
anterior.
Tanto más si se añaden las magníficas cubiertas XVS, de cuyo poder
direccional y excelente comportamiento podemos dar fe con el más favorable de
los pronunciamientos. Como es lógico en un coche de estructura clásica, con
eje posterior rígido, todo este endurecimiento y rigidificación de las
suspensiones se traduce por una pérdida de confort. Pero se trata de una elección
que no admite compromisos: o confort, o estabilidad. Se pueden citar a los
antiguos Alfa de eje rígido (con el alojamiento del diferencial en aluminio,
por cierto) como la clásica excepción que confirma la regla.
Pero si bien no es el coche más adecuado para circular por una carretera
secundaria en mal estado, el CLX resulta realmente grato de conducir sobre buen
pavimento, e incluso pisos que, sin ser realmente un tapiz, tengan una
continuidad de superficie aceptable. El comportamiento es ligeramente subvirador,
que puede ser inducido a sobrevirador utilizando adecuadamente la generosa
reserva de potencia disponible.
En todo esto, lo que se han quedado atrás son los frenos: esto se termina con
muy pocas palabras, pues basta con decir que el equipo de frenos no está a la
altura ni del comportamiento rutero del coche, en cuanto a dirección y
estabilidad, ni mucho menos aún al nivel de la brillantísima prestación que
la mecánica del 2000 le confiere.
Como mínimo, este coche está pidiendo a gritos los cuatro discos. Si para el 124-2000 se pudieron montar, tampoco sería puñalada de pícaro hacerlo para el CLX. Naturalmente, lo ideal seria pasar a llanta 14", montar neumáticos de perfil bajo (o los mismos del Lancia) y los frenos delanteros del 132, que son de 250 mm., aunque utilizan la misma pastilla que los actuales, pero trabajando sobre un radio mayor, y barriendo más superficie.
PRESTACIONES: CASI
COMO EL LANCIA
En cuanto a la mecánica, el trabajo ha sido bastante más serio que dejar caer
el motor de 1.920 c.c. en el compartimento motor. Empezando por delante, hay un
nuevo radiador, 30 mm. más alto, con mayor capacidad, y cuyos apoyos (así como
los del motor) han sido rediseñados. Y saliendo hacia atrás, el sistema de
escape es similar, en diámetros y silenciosos, el del anterior CLX, un diseño
particularmente afortunado que, además de conferir una sonoridad moderada pero
poderosa al escape, permite obtener un mejor rendimiento incluso que con el del
124-2000.
Tanto el embrague (envolvente y disco) como la caja de cambios (piñones de
primera y marcha atrás, y rodamiento central del primario reforzados)
corresponden a la mecánica 2000, y no a la del 1600, por supuesto. Y también
es más fuerte que en los demás Supermirafiori el grupo posterior, con el
cojinete para el piñón de ataque utilizado en el 132, los palieres aumentados
de 22,8 a 24,9 mm. de diámetro, y el espesor del tubo de las trompetas pasado
de 5 a 6 mm.
Naturalmente, la clave de la mecánica es el motor, similar en todo al montado
en el 132, que a su vez se diferencia del correspondiente el FL-90 tan sólo en
la compresión. Pero el mejor rendimiento del escape del CLX permite compensar
esta diferencia, y por ello rinde la misma potencia que en el 124, ya que, además,
no tiene que tirar constantemente del ventilador.
Los resultados, en cuanto a prestación, hablen por sí solos. Digamos que superan ampliamente a los conseguidos tanto con el 132-2000 como con el antiguo CLX-1800. Naturalmente, dados los 100 kilos de diferencia de peso, se inclina ente el FL-90 en aceleraciones y reprís, si bien le supera ligeramente, por mejor aerodinámica, en velocidad punta. En cambio, respecto al Lancia Coupé (que pesa todavía unos 30 kilos más), si bien el CLX es inferior en unos 5 km/hora en velocidad punta (lógica consecuencia de la diferencia de aerodinámica), le supera en los 400 metros de aceleración, y mantiene esa diferencia en los 600 siguientes; también le supera en reprís en 5ª, dado su desarrollo más adecuado. Tan sólo en recuperación en 4ª consigue el Lancia dominar, y es por dos décimos en los 400 metros, que se convierten en 4 décimas al final del kilómetro. Si comparamos con el HPE, que no hemos probado, podemos garantizar que el CLX es más vivo en todo menos en velocidad. Y si miramos fuera de Seat, el otro único coche que anda a estos niveles es el CX, que si bien en punta resulta muy ligeramente superior al 131-2000, en aceleraciones y recuperación se queda notablemente atrás. En otras palabras, olvidando al 124-2000 (que además ya no está en producción), el CLX es la berlina de mejor prestación real en carretera de que hoy disponemos en España, de entre lo fabricado en nuestro suelo.
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PRESTACIONES
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CONSUMO
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CONCLUSIÓN
El 131 CLX-2000 no sólo es la berlina más brillante de que disponemos
en España; en valores absolutos, es un coche de prestación muy elevado, y con
un comportamiento rutero a la altura de la anterior, y realmente divertido de
conducir. Tiene el hándicap obligatorio de una suspensión dura (que un
adecuado hinchado de neumáticos, en función de la carga, puede paliar en
parte), y sobre todo, una serie de detalles heredados del 131, como los
ya mencionados asientos y volante, y el famoso silbido aerodinámico en las
puertas. Pero con todo y con eso, para quien desee una berlina que ande, la
elección es obvia, y única.
CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS
MOTOR
Posición:
Delantero longitudinal vertical. Número
de cilindros: Cuatro en línea. Diámetro/Carrera: 84,0/86,6 mm. Cilindrada:
1.920 c.c. Potencia fiscal: 12 H. P. Material del bloque: Fundición. Material
de la culata: Aluminio. Cigüeñal sobre cinco apoyos.
TRANSMISION
Embrague:
Tipo: Monodisco en seco, de diafragma. Diámetro del disco: 215 m . Mando: Por
cable, autorregulable.
BASTIDOR
Estructura
portante: Carrocería monocasco
autoportante.
CARROCERIA
Tipo: Berlina.
Número de puertas: Cuatro. Asientos: Delante, dos butacas: detrás, corrido,
con descansabrazos.
Equipo:
Faros: Cibié halógenos de 280 x 160
mm., con lámpara H-4 de 60/55 vatios. Limpiaparabrisas: Femsa. Escobillas: Ar-to.
Velocidades: intermitente y continua. Instrumentación: Veglia-Bressel. Luneta térmica:
De serie.