El nacimiento

            Este vehículo surgió de la iniciativa de Talleres Hispano-Alemán, fundada por el distribuidor de BMW y Porche en Madrid, de construir un biplaza sobre mecánica Seat inspirándose en el Lotus Seven Serie IV.

            El logotipo del MALLORCA reproduce el escudo de Porsche del que se ha sustituido, en la parte central, el emblema de la ciudad de Stuttgart por el de la ciudad de Madrid, siendo este logotipo uno de los detalles que atestiguan los vínculos de Talleres Hispano Alemán con Porsche.

            Se realizó en dos versiones basadas en las mecánicas más potentes de Seat en aquel momento, el motor 1430 y el 1800 FU. En este vehículo podían viajar dos personas, casi sin equipaje, disfrutando de una velocidad máxima de 150 km./h y una aceleración suficiente para alcanzar los mil metros con salida parada en algo más de 33 segundos.

            Este descapotable tenía poca protección contra el viento y la lluvia pero en cambio poseía un arco de seguridad que protegía a los ocupantes en caso de vuelco. Como ventajas cabe destacar: una aceleración y reprise muy buenos, cambio de marchas muy suave y unos frenos más que sobrados.  Entre sus  inconvenientes destacan el tener una suspensión muy endurecida, la falta de ajustes de los asientos, que eran fijos, un volante demasiado pequeño, una disminución importante de visibilidad con la capota cerrada y un precio muy elevado.

Conducción

            En ciudad, la cualidad fundamental del coche era su increíble aceleración. En los 400 metros con salida parada, y con dos personas a bordo (160 kilos), se conseguía rebajar  en 8 decimas de segundo el tiempo empleado por el mejor coche nacional del momento, el del Seat Sport Coupé 1800. Es decir, que el MALLORCA era el rey en la salida de los semáforos. Esto era posible porque solo pesaba 600 Kg y tenia un manejo del cambio realmente delicioso, con palanca corta, de poco recorrido y muy suave, que permitía poner el coche en tercera pocos segundos. En resumen: acelerando o recuperando, este coche no tenia rival dentro de la producción nacional.

            Si a lo expuesto anteriormente, se le añade que la dirección era sumamente rápida, permitía evolucionar dentro del tráfico con suma agilidad. Aunque para ello había tres pequeños inconvenientes, el primero era que el coche tenía su máxima anchura a nivel del tren posterior, marcada por las aletas posteriores, y no por las anteriores, pudiendo dar más de una sorpresa desagradable si se enfilaba un hueco muy justo y se creía que en pasando el morro ya pasaba todo el coche. El segundo problema era la visibilidad si se circulaba con la capota puesta, porque el plástico de la luneta era lo bastante turbio como impedir en buena parte la percepción visual. Y el tercer problema era la situación de los retrovisores, pues a pesar de permitir una excelente visión hacia atrás, estos obstruían la visión de las bocacalles y de las curvas tanto a derecha como a izquierda.

            En carretera y desde el punto de vista mecánico, todos los componentes originarios del SEAT1430 suponían una garantía y una tranquilidad. El motor, elástico y robusto, tenía una potencia inaudita rara el peso que arrastraba.

            El grupo cónico, en función del poco peso, sufriría mucho menos en las arrancadas normales que en su berlina de origen. Como resumen de la utilización motriz, tenemos un consumo que, sin ser asombrosamente bajo (ya que la aerodinámica del modelo tenia mucho que desear) , era discreto, pudiendo oscilar entre 7,5 y 10 litros, según se fuese de paseo en cuarta o a fondo por una carretera virada.

            Con los frenos, otro elemento tomado del SEAT 1430, tampoco había problemas. La relación de superficie de frenada por kilo de vehículo era, sin duda, la más favorable de todos los coches de producción nacional  existentes. En resumen, en aceleración, velocidad y frenada, este coche andaba sobrado.

            Sin embargo, la suspensión para algunos era demasiado dura, tal vez motivado por la utilización de una llanta y neumático excesivos para el peso y potencia del coche. Pero con ello se conseguía un aspecto llamativo y estético, que es lo que se pretende en un coche de esta índole, pero el confort y el comportamiento en ruta se resienten ostensible.

            La dureza de los muelles era excesiva, sobre todo delante, en carreteras con asfalto ondulado, la adherencia era muy precaria, por el excesivo rebote de las ruedas, y a alta velocidad era difícil mantener una trayectoria rectilínea impecable, sobre todo con viento lateral. En carreteras en buen estado, sólo se planteaban problemas en curvas tomadas muy fuertes, sean lentas o rápidas, porque el apoyo del coche no acababa de ser noble, pues como ya se ha dicho delante era muy duro y no balancea nada en dicho tren, el chasis se retuerce un poco y acaba por derrapar secamente de atrás. De todas maneras, con  la rapidez de la dirección, y al poder de tracción o retención de que se disponía, el problema se solucionaba con facilidad por todo ello, en conducción rápida, el MALLORCA exigía una buena concentración y rapidez de reflejos.

            El compartimiento posterior era muy amplio, sobre todo en los modelos definitivos, que llevaban la batería delante. La capota va plegada se comía bastante espacio, pero como lo normal en un viaje era llevarla puesta, o llevar el techo duro y dejar la lona en casa, quedaba todo el espacio disponible, excepto por el gato y las herramientas. Por el contrario, el habitáculo delantero no tenia ni el más mínimo hueco donde dejar nada, aunque se le podía instalar una guantera del tipo gaveta.

El puesto de conducción

            Si se quiere hacer una conducción deportiva, la situación ante los mandos es de primordial importancia, tanto por el propio placer de conducir como por seguridad. Los asientos del MALLORCA eran fijos y por ello se planteaban problemas en función de la estatura del conductor. La posición relativa de volante, cambio y asiento era buena, pero los conductores pequeños (menos de 1,60) o altos (más de 1,90) podían encontrar el volante demasiado lejos o demasiado cerca. Pero más problemática era la situación de los pedales que solo era ideal para quien midiese entre 1,80 a 1,85 metros de estatura. Los más bajos tenían que dejarse escurrir en el asiento -dejando un hueco entre la pelvis y la zona inferior del respaldo- para estar seguro de poder desembragar a fondo y no rascar al cambiar de marcha, y poder frenar con fuerza a fondo. Esto, unido a la dureza de suspensión y al escaso almohadillado de los asientos, era bastante molesto y cansado en un recorrido largo.

            A esta incomodidad aun se tenia que añadir que el hueco del fondo era muy estrecho, quedando  totalmente ocupado por los tres pedales de manera que el pie izquierdo siempre tenia que estar siempre apoyado en el embrague (procurando no apretar para no castigar el rodamiento de empuje), a menos que se colocara peligrosamente por debajo de los pedales para poder estirar la pierna.

            La cremallera de la dirección era muy rápida, este defecto de hipersensibilidad se aumentaba por culpa del pequeño volante de 30 centímetros de diámetro exterior (que además, obstruía la visión de todos los instrumentos, excepto el manómetro). Pero no se podía poner un volante más grande, porque dificultaría enormemente la maniobra de entrada y salida del coche, que ya era de por sí bastante acrobática.

Equipamientos

            El coche traía su antirrobo y cinturones de seguridad, como es obligatorio, y además de otros detalles como el cenicero y en la versión de lujo, reloj y encendedor eléctricos.

            Y hablando de la versión de Lujo, disponía de llantas de aleación ligera de seis pulgadas, con neumáticos 185/70, pintura metalizada, asientos tapizados en pana, moqueta en piso y maletero, parachoques delantero y trasero y luz de retroceso. Los faros y tapa de balancines eran cromados.